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Anclados en la historia familiar

Muchas veces, escucho en mi consulta, frases tales como: “Quiero sanar mi árbol, para no dejarle herencia a mis hijos”, “hago esto por los que vienen, para que no tengan ataduras”, “quiero limpiar mi historia para mi descendencia”, “quiero que no vivan lo que yo vivo”.

Y es verdad, uno quiere, para sus hijos, lo mejor. Aunque en esos deseos y en esos pedidos y en esos objetivos, nos estamos perdiendo un detalle importante: sanar por nosotros mismos, ya que sanando, cambiando, recuperando la coherencia, cortamos realmente los mandatos, ya mis hijos, vivirán exactamente lo mismo que yo vivo, o lo contrario (que para la lógica del árbol es más o menos lo mismo).

En ocasiones, en esta cultura del afuera en la que vivimos, pensamos que podemos “limpiar” sin “limpiarnos” o, mejor y más claramente dicho, limpiar sólo por fuera, sin hacer cambios verdaderos. 

La verdadera “limpieza del árbol”, la “sanación del transgeneracional”, sólo ocurre cuando me decido a CAMBIAR. Cuando decido realmente que es momento de “des-obedecer” los mandatos, cuando tomo la firme decisión de hacer mi vida más allá de las reglas del sistema familiar. Y el cambio, siempre trae consigo un cierto vértigo, una cierta incomodidad, el cambio siempre trae consigo, CULPA. 

La culpa es el resultado de romper algo social o familiarmente establecido. La culpa no es una emoción biológica de supervivencia, es una emoción social que deviene de “no hacer lo que está mandado” . Y para trascender la culpa, es necesario en primera instancia, comprender la dinámica del clan, la manera de funcionar, comprender el inconsciente de la maquinaria familiar y, desde ahí, hacer los cambios que deseo, conociendo quién quiero ser, y cómo lo quiero. Si me limito simplemente a manifestarme al contrario de las enseñanzas de la familia, no estoy liberando, ni sanando nada, sólo estoy dando equilibrio dentro de los parámetros de mi familia. 

Por ejemplo… Si me han abandonado y “para que mis hijos no vivan lo mismo que yo” me convierto en una madre absorbente, sobreprotectora que no deja que crezcan y se liberen, estoy actuando tóxicamente y dentro de los parámetros de mi clan. Abandono = Sobreprotección. ¡Si! Aunque uno parezca mejor que el otro, son en esencia lo mismo, ya que terminan siendo las dos caras de la misma moneda. Si dejo de sobre-proteger, seguramente me sentiré culpable… porque el clan, dentro de su lógica inconsciente, necesita equilibrar la energía desequilibrada en el abandono y “me manda” a seguir tratando a mis hijos adolescentes y a veces adultos como niños inmaduros y a no darles las herramientas para crecer en libertad. 

Es cuando puedo comprender estos funcionamientos que puedo elegir cómo expresarme como madre (para seguir con el ejemplo) más allá de los condicionamientos pre-existentes. En ese proceso, seguramente me sentiré culpable, muy culpable, y hasta puedo sentirme físicamente “enferma”, pero si puedo atravesarlo en plena conciencia, en breve lograré hacer los cambios necesarios para lograr vivir en coherencia conmigo.

Por eso, cuando escucho las frases con las que comencé este texto, siempre respondo: hacelo por vos, cambiá verdadera y profundamente por vos. Sanate, revisá tu sentir. Expresate en coherencia, que desde esa coherencia aprenderán tus hijos.

Nuestros hijos aprenden de lo que somos en realidad, y desde ahí construyen su inconsciente. 
¿Querés soltarlos? ¡Soltate! 

Laura Di Donato
Biodecodificación y transgeneracional

Laura Di Donato
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