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El águila encadenada

El águila encadenada

Cuando era muy chica, en mi pueblo, María Susana, los niños acostumbrábamos a jugar al frente de la iglesia. Y mi casa estaba ubicada justo al lado de ésta, así que pasaba las mañanas y las tardes y las noches de verano, corriendo, jugando, inventando exploraciones y buscando misterios por resolver en los metros de libertad del “patio de la iglesia”
Recuerdo un día, vaya a saber que travesura estaríamos haciendo, el cura de la iglesia, el padre Ferrari (muchos años más tarde entendí que fue mi primer maestro) nos llamó al “monumento”( así llamábamos a una estatua que representa a María y está al frente del edificio) y empezó a hablarnos y seguramente a darnos un sermón por nuestro comportamiento.
Lo cierto es que entre tantas cosas que nos dijo, nos contó la siguiente historia:
“Unos cazadores furtivos, dieron caza a un pichón de águila y, poco interesados en el bienestar del ave, la encadenaron a una roca.
Le dieron para su vuelo unos metros de pesada cadena, y el águila fue creciendo, intentando el vuelo frustrado por su prisión.
Un día los cazadores se fueron y el lugar quedó abandonado, pero no soltaron al ave que ya era un ejemplar majestuoso.
Ahí quedó, encadenada, tratando, tironeando, buscando la manera de zafarse de su injusta prisión.
Así paso el tiempo. Y día tras día, mes tras mes, año tras año, siguió insistentemente tratando de volar, vuelo que se veía impedido por la cadena que la atrapaba.
Y llego un momento en que el águila, agotada, frustrada, deprimida, sintió el peso de su fracaso y se quedó quieta esperando la muerte.
Y justo ahí, paso un caminante que se apiadó de su situación y corto las cadenas, dándole la libertad tan ansiada.
Pero el águila ya estaba muy cansada y nunca más trato de volar y murió presa de una cadena que ya no existía”

Ohhhh!!!! Que historia que parece tan terrible para la mente de un niño! Que historia que me marcó profundamente por siempre!!
“Pero el águila ya estaba muy cansada y nunca más trato de volar y murió presa de una cadena que ya no existía…”: esas palabras me sostuvieron en los momentos más difíciles de mi existencia.
Cuando ya no tenía más fuerzas para batir mis alas, resonaban en mi memoria y me preguntaba: ¿y si ya pasó el caminante? ¿y si las cadenas que me apresan ya no existen? ¿y si yo dejo de intentarlo, justo cuando puedo volar? Y siempre, siempre, seguí, sabiendo que en algún momento todo saldría bien.
Me pregunto a veces, si los chicos que estaban conmigo ese día recordarán esa historia, ese momento intrascendente que se volvió un pilar en mi vida.
Hoy ya estoy grande y sé: que esa cadena es mi inconsciente y que cada tirón de ella, representa, ni más ni menos que un patrón que se repite proyectando mis miedos. Y también sé que mis sueños, si puedo soñarlos, pueden ser reales y que aprendo de cada vuelo impedido y que mis alas se hacen fuertes cada vez que las elevo para volar.
Y que hay un momento en que debo descansar y dejar que el Padre haga su trabajo, soltando mis cadenas para que por fin pueda alzar el vuelo y tocar el cielo con mis alas.

Con amor
Laura y Andrés
❤️❤️❤️

Laura Di Donato
Laura Di Donato

http://lapuertaverde.com.ar/nosotros/acerca-de-laura/

    1 Comentario

  1. Laura
    22/04/2019
    Responder

    Maravillosa historia. Me encantó. Gracias.✨✨✨🌟🐞

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