Volver a empezar

Hace algunos años, un amigo nos contó que estando de viaje, se detuvo en la ruta para llevar a una señora y su pequeño niño. Estaban en medio de la ruta, esperando que algún conductor se detenga y los acerque a un campo cercano, donde iban a comenzar con un nuevo trabajo. Era una mujer de una condición muy humilde, con muy poca educación formal, casi analfabeta.

En el escaso tiempo que compartieron ella le contó su historia, muy desafortunada, relató cómo habían perdido el trabajo anterior, y de qué forma se iba con su nieto a comenzar de nuevo en un lugar donde le ofrecían trabajo. Remató su historia, diciendo: “lo que pasa, señor, es que al fin y al cabo uno siempre está volviendo a empezar”. Nuestro amigo quedó impactado por la sencillez de esta señora y por la sabiduría para enfrentar la vida.

Nos decía: “nos quejamos tanto y hacemos tanta fuerza por sostener cosas que ya no nos sirven. Que escuchar a esta mujer que a pesar de lo poco que tiene, tira para adelante en la vida, sin detenerse a sufrir por eso. Esto me hizo reflexionar”.

Esta simple historia está siempre presente en nuestras vidas. Al punto que varios años más tarde, la reflexión continúa: siempre estamos volviendo a empezar.

La vida es un ciclo de evolución continua. Simplemente podés mirar el día y la noche, como cada día se recicla para traer con el amanecer una nueva oportunidad consigo.

Podés mirar las estaciones, cada una de ellas tiene su energía y su enseñanza. Observá como la primavera estalla de vida, para vestirse de verde y luz brillante en el verano, después con la llegada del otoño, podés observar como decae suavemente para dar paso al crudo inverno, donde parece que la vida se detiene y se vuelve al interior, para volver a explotar en un nacimiento espléndido en la primavera siguiente.

Mirá atentamente como las especies pierden su pelaje, sin ninguna señal de duelo, para recuperarlo más sano y brillante.
Si miras atentamente entenderás que el ciclo de la vida es continuo y permanente. Solo nosotros, los humanos desde el ego descomunal que enarbolamos, nos negamos a respetar los ciclos. Suponiendo que nadie puede con nosotros, nos manejamos en la vida con prepotencia ciega imponiendo que nada cambie. Pretendiendo soberbiamente ser por siempre jóvenes, vivir siempre en la cresta de la ola, en el fervor necio de la frivolidad, suponiendo que el título que otorgamos en nuestras academias garantiza alguna sabiduría. Vivimos la vida sin adentrarnos en el interior a reflexionar sobre los aprendizajes que el entorno pone a nuestra disposición.

Pensá en esto ¿Cuánto más fuerte, sabio y conectado con la fuente podrías vivir, si tan solo te permitieras atravesar los diferentes estadios con aceptación natural?

Poniendo atención a la realidad de que un ciclo que se retira abre otra oportunidad de crecimiento.

El gran aprendizaje es soltar, ya que, para volver a empezar nuevamente, es necesario dejar ir la etapa anterior. Dejar ir lo que ya se terminó, hacer los duelos y soltar. Cuando te hablo de dejar ir, me refiero tanto a vínculos que ya no te sirven, como a etapas de nuestra vida a las que nos seguimos atando, por ejemplo, la nostalgia de una casa anterior, de un trabajo o, incluso, la nostalgia de la imagen que tuviste años anteriores.

Este proceso, para que sea efectivo y real, debe ser humilde, desde el amor y con profundo agradecimiento. Honrando aquello que estás liberando, porque trajo consigo crecimiento. Porque SOLTAR, amigos, no es aprender a decir adiós, es aprender a decir GRACIAS.

Laura Di Donato

La Puerta Verde Admin
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